sábado, 26 de marzo de 2022

Aviones de papel

Mirar el tiempo con ojos de ingeniero, imaginar trayectorias, cronometrar espacios, soñar con circunnavegar el cielo quebradizo, conjeturar, calcular.

Contener el reloj, afinar los sentidos,

respirar

pergeñar

proyectar

Aviones de papel

Diseñar, elegir materiales al tacto, contrastar calidades

cortar

doblar

invocar el principio de Bernoulli, conjurar su magia, definir, teorizar, abandonar los dedos a los inaprensibles placeres de la papiroflexia.

fantasear

Aviones de papel

Desplegar las alas, escribir en ellas un nombre, o una idea, tatuar un mensaje en su interior, como los náufragos en el vientre de las botellas que han de tragarse el océano.

Deleitarse con su forma

lanzar… traspasar…

romper dos millones de moléculas de aire, convertirlas en aliadas.

surcar

planear

¡VOLAR!

Aviones de papel

…a los pocos segundos llegan los escuadrones de átomos quietos, el cielo estático, la atmósfera indiferente.

Oponerse, restar, resistir, impugnar el vuelo

ralentizarse

perder fuelle

verse abrazado innegociablemente por la gravedad

entrar en barrena

caer -no descender-

tocar el suelo -no aterrizar-

fracasar

Aviones de papel

Aviones de papel

 


lunes, 28 de febrero de 2022

Inaccesible


    De las orillas más cercanas al mundo tangible, decidió extraer el certero inventario de los conceptos más valiosos. Vocablos tatuados en sectores invisibles al común de los mortales, ocultos por una calculada sucesión de ropajes sucesivos, pero diluidos sutilmente en los quehaceres cotidianos de los días y las horas.  

    De las lógicas policiales de una novela inquietante, vino a construir los sonidos oportunos con los que hermanar las páginas y las palabras de dos realidades no confluyentes. Acariciando con músicas previas, los hechos y las tramas de un lugar al que llamaban Aurora.

    De las trayectorias fabricadas por un millar de conversaciones imprevistas, decidió obtener el auge poderoso del verbo conocer, establecer los puntos cardinales del juego de las preguntas y los listados, para sembrar luego -más que enterrar- las semillas que hacen florecer la selva ingobernable de las posibilidades.

    Del miedo al tener miedo de los miedos del pasado, entresacó los materiales para convertir una parte del aire circundante en algún tipo de frontera, defendida por el eco de una culpa imaginada y gestionada luego por un heterogéneo elenco de generosas complicidades.

    De las miradas en pausa que atraviesan las almas, como los pasillos hacen con los edificios, adquirió la timidez hipnótica de los silencios. Igual que la calma que sigue a los terremotos en ascenso, consigue apaciguar las moléculas temblorosas gritadas por las grietas de la tierra. Igual que la escucha paciente consigue serenar el tumulto caótico de los niños agitados. Igual que la distancia adecuada consigue atenuar la tentación absorbente de los acantilados.

    Y finalmente, de la sacudida definitiva hacia una nueva vida, del salto de la clausura clínica y segura a la brújula impagable de la comprensión adolescente, decidió extraer el precio del tiempo y de los riesgos. Viaje llamado a la consecución del éxito, aunque éste pueda elevar un poco más las mareas que rozan las orillas del mundo tangible, y otorgar a los ojos de los mortales un - tal vez injusto - velo de perfil inaccesible. 

 

domingo, 31 de octubre de 2021

Cartografías

Encontré en el punto exacto en que nace la Geometría un cuadernillo opaco con las esquinas abarrotadas de coordenadas. Una suma de hojas siamesas, unidas por el occidente de sus líneas y los bordes convocados en el mismo acantilado de los mapas.

Incomprensible a mis ojos de ciencia fragmentaria, busqué entre las fórmulas que en él se anunciaban, alguna voz que me explicara la suerte bidimensional de los planos acotados. Acaso algún indicio de una representación desdibujada, como insinúan las orillas a las playas en calma, cuando el mar deja respirar a sus corrientes.

Pero ni los dibujos procedentes de los lápices, ni los ángulos sometidos al dictado iluminado de las brújulas me dieron más informe de aquel diario de sesiones geográficas, que el propio hecho de encontrarme ante un laberinto de suposiciones planetarias.

Decidí entonces devolverlo a su lugar y seguir rumbo, imaginando que eran cartas, escritas por la misma superficie de las cosas y llamadas a orientar a los mortales en su tránsito hacia el extremo más meridional de sus hazañas. Hacia el margen más septentrional de sus deseos. 

 

sábado, 23 de octubre de 2021

El castillo de las puertas cerradas

 


Por alguna extraña razón, que se me escapa, las estancias acordaron adoptar las trazas más severas de la confidencialidad. Sellar los trayectos que dan vida a la luz entrometida, y cortar toda comunicación con los sonidos descendidos de las almenas.  

Por alguna singular razón, del todo inaccesible para mí, los umbrales fueron desde entonces una solemne continuación de los muros persistentes, hasta el punto de que ni el más refinado de los tactos, era capaz de discernir el punto exacto en que nacía una puerta o moría la frontera cincelada de las piedras.  

Por alguna misteriosa razón, que desconozco, los espacios soberanos del castillo no dudaron en conceder al hermetismo el honorable privilegio de los altares, mayorazgo conciliar sin posibilidad de réplica, para así desterrar, más allá de los fosos y los puentes levadizos, a las milicias intenciones de imprecisa vocación y oscuros retos.  

Pero entonces, por alguna razón que se me escapa, llegó un viento insospechado, imprevisible generador de desconciertos, cruzó el foso sin violentar la empalizada, y rodeó la barbacana con un millón de razones intuidas. Entró en el patio con sus huestes y liberó las cerraduras de la dictadura de sus llaves, fundió el hielo de las bóvedas y las capillas, y regaló al corredor una sonrisa acaudalada.

 


sábado, 9 de octubre de 2021

Hombre sin personalidad aparente



Suspendieron la fabricación de bocetos justo el día de su ascenso. Fue la mala suerte. 

Con la mañana a cuestas y el sueño de la noche aún por resolver, el hombre de fácil referencia y sencilla indumentaria, apenas pudo sorber por unos segundos la pócima sagrada de la notoriedad. Qué mala suerte. 

Desde su infancia irrelevante, siempre proyectó la construcción de un gorrión hecho de árboles, uno que volara solitario por encima de una autopista sin otro vehículo que las sombras entregadas por los rascacielos. A nadie le importó. Maldita mala suerte. 

Y ahora, encaramado en la cresta quebradiza de las décadas, el hombre sin personalidad aparente ha sido nuevamente suprimido, olvidado. Extraído del más simple y prescindible de los mapas. 

Ni su nombre aparecerá ya. 

Ni la ridícula silueta de sus lápices. 

Todo se lo tragará el voraz olvido de los relojes de arena.

Todo. Hasta su mala suerte. 



 *FOTO: Hiromu Kira: “El pensador”. 1930

sábado, 2 de octubre de 2021

Balada breve del monte, la niña y el gato

 


La niña le dijo al monte que viniera pronto

que trajera la luna

para sembrar de luces los caminos anchos

que cruzan el río

por un solo puente

con un solo paso.

El monte le dijo al gato

que trepara a los árboles

y contara a los duendes

que hace muchos años

la guerra se llevó el puente

el río las almas

el viento los nombres

y el tiempo los pasos.

La niña entonces vivió con el gato

lo nombró emperador

de su espacio y sus tiempos

cruzaron el río

por un puente de paso

y buscaron el alma

del monte sin luna

por caminos anchos

árboles y luces

sin vientos

ni duendes.


sábado, 25 de septiembre de 2021

Cumulonimbus

 


    Empachado ya del irreverente banquete de las realidades cotidianas, comencé, sin apenas darme cuenta, a desentenderme de la obligación de enfrentar al mundo cercano con la mirada horizontal.

    Al principio conservé, como es lógico, las miradas necesarias para caminar sin tropezarme con los objetos, para leer algunos rótulos, también para reconocer a las personas que me hablaban y seguir interpretando algunos de sus gestos, pero en general, mi desinterés por el espacio al sur del horizonte se hizo cada día más patente.

    A cambio, dediqué un número creciente de minutos diarios a mirar hacia arriba, donde una constelación de elementos semidesconocidos pareció abrirse ante mí como el telón de un teatro. Las cornisas, los remates de algunos edificios singulares, chimeneas y antenas, se presentaban como los créditos iniciales de una película que comienza, prologando la verdadera intención de mi reciente proyecto visual: mirar, sin más, al cielo.

    Con el paso de las semanas, mi inadaptación al medio urbano se hizo evidente, hostilidad confirmada por accidentes e impactos con la realidad a ras de suelo, que por suerte no revistieron gravedad. Mis amigos y conocidos no tardaron en empezar a evitarme al considerar que mi nueva manera de tratarles -si es que se puede llamar así a escuchar a alguien sin mirarle-, era propia de un lunático.

    Apercibido entonces por lo que con seguridad iba a convertirse en una sucesión de percances corporales, no tardé en huir de los peligros del asfalto para buscar terrenos seguros en campo abierto, donde poder descansar mis ojos orientados ya casi de manera exclusiva hacia las alturas.

    Desde entonces, guiado por la taumaturgia seductora de los rituales atmosféricos, dedico el grueso de mis horas a visitar las esquinas del cielo, disfrutando de sus filigranas y dibujos inquietos.  Con la curiosidad siempre emergente de un geógrafo explorador, trato de penetrar en los secretos de su lienzo azul y sus sostenidos tránsitos hacia grises, amarillos, naranjas o negros, dependiendo ya del estado de ánimo de sus moléculas.

    Son muchos los personajes que habitan en esa inabarcable bóveda que los antiguos creían tan sólida como la tierra que pisaban. Pero si en ese espacio infinito de posibilidades formales hay un protagonista, si hay algo llamado a gobernar el caos incontenible del cosmos más cercano desde un millón de tronos inestables, ese es sin duda el cumulonimbus. La más grande y majestuosa nube que fueron capaces de crear los arrogantes cielos. Plasmación definitiva de la más ascendente de las ambiciones, y anticipo inapelable de las furiosas tormentas con las que el hombre habrá de ver castigado de cuando en cuando su irreverente banquete de realidades cotidianas.